1 jul. 2008

APORTE A LAS CAPACITACIONES DE ALETHEIA.

LECTURA PARA LA PRIMERA SEMANA DE JULIO.

Una lectura sugerente…

“Los cuerpos no mienten… Hace años no parecía posible escribir estas frases en la Argentina. Y hoy son verosímiles, aunque se discutan porcentajes o responsabilidades. Los cuerpos no dejan mentir; forman la ola que desembarca sobre las estaciones, las calles y los subterráneos de Buenos Aires, desde las nuevas y viejas villas miserias. Los que recorren el cinturón que rodea la ciudad, vuelven con historias literalmente increíbles, en las que los cuerpos provocan asombro, distancia y escándalo: los niños adormilados por el hambre, los bebés catatónicos, los viejos enloquecidos por la privación, encerrados en la obsesión de su miseria, los cuerpos inclinados de los hombres jóvenes rechazados por un mercado que no los necesita. Marcas de situaciones indignas aparecen en los cuerpos de los excluidos, acreedores de la deuda impaga.

Una sociedad no se sostiene sólo en sus instituciones, sino en la capacidad de generar expectativas de tiempo. El cuerpo y el tiempo están unidos: eso es una vida, un cuerpo en el tiempo. La deuda es también una deuda de tiempo porque, cuando el cuerpo no recibe lo que necesita, el tiempo se vuelve abstracto, inaprensible para la experiencia: cuando un cuerpo padece, sale del tiempo de la historia, pierde su posibilidad de proyectarse hacia delante, borra las señales de sus recuerdos.

Los pobres tienen cuerpos sin tiempo. Por eso parecen tan viejas esas mujeres de treinta años con sus ocho hijos y su marido desocupado o preso. Por eso parecen aniquilados los cuerpos de los viejos pobres. El tiempo ya ha pasado por completo sobre ellos: han nacido, han crecido, han envejecido en el lapso en que un joven próspero está entrando en la primera etapa de la madurez.

Sin tiempo de proyecto y de futuro, los cuerpos corren los riesgos provocados por la deuda impaga; la violencia, la ruptura de todas las tramas sociales, la droga salvaje o el tetrabrik salvaje son los desafíos aceptados como única afirmación posible de la identidad. Donde se ha roto la expectativa de un tiempo futuro, donde ya nadie se siente acreedor ni titular de derechos, los cuerpos se rebelan en la violencia.

La deuda social ha herido el cuerpo. Acostumbrados a pensar a los ciudadanos de un modo abstracto, sería bueno que los pensáramos en esa materialidad que estalla en las necesidades incumplidas, cuyo pago diferido es irrisorio porque transformado por completo al acreedor. El Estado pierde las bases de su legitimidad frente a los cuerpos destrozados por incumplimiento de un pacto que nos hace a todos titulares de derechos. La deuda impaga pesa sobre los cuerpos. Frente al destrozo de la miseria, salvo que se mire hacia otra parte, los cuerpos ofrecen la inscripción de lo adeudado, que además, por estar escrita en ellos materialmente, puede ignorarse pero no borrarse.

¿Cómo sentirse parte de una nación si no es a través de un imaginario articulado en signos de pertenencia concreta? Cuando ser argentino no significa ni trabajo, ni comida, ni tiempo, vale poco ser argentino. La nacionalidad no es sólo imaginaria. Se arraiga en su inscripción material sobre los cuerpos. Cuando después de dictaduras y aventuras nacionalistas la cuestión nacional parecía, en buena hora, cerrada para siempre, ella reaparece bajo una forma elemental del reclamo de nacionalidad: el pago de una deuda que es la condición de una sociedad a la que entregamos parte de nuestras libertades para que ella exista y nosotros existamos en ella como ciudadanos.

Queda bastante poco de lo que la Argentina fue como nación. Las instituciones que producían nacionalidad se han deteriorado o han perdido todo sentido. Pasan a primer plano otras formas de identidad, que existieron antes, pero que nunca como ahora cubren los vacíos de creencia e incluyen a quienes, de otro modo, se abandona. Del estallido de identidades no surgió una nación plural, sino su supervivencia pulsátil. La nación se perdió en el extremo laberinto de la pobreza.”[1]


[1] BEATRIZ SARLO, “Ayer y Hoy” Editorial SXXI, Editores. Sociología y Política.


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